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Ejercicio y dieta, indispensables para prevenir dislipidemia

Actividad física de tipo aeróbico, fuerza y flexibilidad, así como la disminución en el consumo de grasas y azúcares, disminuye colesterol y triglicéridos en la sangre, explicaron especialistas en medicina y nutrición de la UNAM.

La dislipidemia es la alteración en la concentración normal de los lípidos o grasas que tenemos en la sangre, es decir, del colesterol y los triglicéridos que en ella se almacenan, por lo cual, cuando los niveles de estos se encuentran elevados, se incrementan las posibilidades de desarrollar problemas relacionados con el corazón y vasos sanguíneos, los cuales pueden, incluso, llegar a obstruirse. Así lo explicó José Alberto Rodríguez Rodríguez, médico residente del primer año en la especialidad de medicina de la actividad física y deportiva de Deporte UNAM a través de una charla transmitida por el canal de Facebook del deporte universitario.

Es por ello que, en palabras del propio especialista en medicina deportiva, y de Rebeca Camacho Trujillo, licenciada en nutrición y maestra en metodología de la ciencia, quien también está adscrita a la Dirección General del Deporte Universitario (DGDU) de la UNAM, la dieta y el ejercicio físico son las piedras angulares para mantener el control de los niveles de colesterol y triglicéridos que produce cada individuo.

Observar al pie de la letra estas dos claves: la activación física y la ingesta alimenticia, evitará problemas de salud que pueden desencadenar eventos cardiovasculares graves ocasionados por la alteración de las cantidades de grasas que se presentan en la sangre, también conocida como dislipidemia. 

“El colesterol HDL (colesterol bueno) incrementa sus niveles en personas que realizan ejercicio físico. Con esto, las grasas LDL (colesterol malo) y las lipoproteínas de muy baja densidad disminuyen, así como los triglicéridos. Si el ejercicio es realizado de forma regular, los triglicéridos van a disminuir en mayor proporción. Mientras mayor sea la intensidad del ejercicio, mayor va a ser el impacto que tenga sobre los niveles de lípidos, pero todo debe ser personalizado y gradual”, dijo el médico Alberto Rodríguez.  

La prescripción de activación física gradual, aunada a un tratamiento farmacológico y la eliminación del alcoholismo y el tabaquismo, fungen como medidas óptimas que pueden revertir rápidamente los niveles altos en lípidos. “El ejercicio ayuda tanto a corto como a largo plazo. Hacer ejercicio de forma regular es mucho mejor. Según la Guía del Colegio Americano de Medicina del Deporte, el mejor ejercicio para mantener los niveles de lípidos es aquel que combina actividad física de tipo aeróbico con las de fuerza y flexibilidad de 30 a 60 minutos por día”, enfatizó. 

Por su parte, Rebeca Camacho señaló que una dieta baja en grasas resulta benéfica a la hora de evitar picos altos en los niveles de lípidos que se almacenan en la sangre. “La dieta para los triglicéridos elevados debe ser baja en grasa y azúcares, con consumo de alimentos como pescados, aves sin piel y cortes de cerdo y res con poca grasa, además de preparaciones hervidas, a la plancha, a la parrilla, horneados y sin aderezos grasos, sin olvidar moderar la ingesta de caramelos y refrescos”, subrayó.

Además, la nutrióloga responsable de los equipos representativos de la UNAM señaló la necesidad de realizar cinco comidas al día sin ayuno, sobre todo en los deportistas, quienes también pueden presentar dislipidemia. “Hay que evitar los ayunos. Diversos estudios indican que hacer cinco comidas al día favorecen la menor concentración de triglicéridos en sangre”.

Es importante hacer estudios generales de sangre regularmente para detectar estos problemas a tiempo, pues la dislipidemia suele ser asintomática, recalcó José Alberto Rodríguez, quien concluyó que, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), durante el 2015, la mortalidad cardiovascular en México fue de casi 300 casos por cada 100 mil habitantes y que, cuando no se registraron defunciones, los sobrevivientes tuvieran una calidad de vida deteriorada, con requerimientos de cuidados especiales de salud a largo plazo, además de presentar una reducción en cuanto a su capacidad laboral.

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