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El deterioro ecológico y una nueva cultura ambiental.

El problema de la degradación ambiental no reconoce fronteras y es un tema que incide en la vida de todos; es por ello que el entendimiento de sus causas y las vías de solución corresponden –en un marco de corresponsabilidad–, a gobierno y  sociedad.

Si bien nuestro sistema jurídico otorga competencia a nuestras autoridades para preservar y restaurar el equilibrio ecológico, y garantizar la protección al medio ambiente, es evidente que no es una cuestión exclusiva del Estado.

 La protección y conservación del medio ambiente exige también de la participación de la sociedad en su conjunto, incluyendo la industria.

La expansión de  los asentamientos humanos y la necesidad de contar con más satisfactores han provocado –y siguen provocando–, problemas ecológicos que pasan factura a la salud pública de la presente y las futuras generaciones.

La contaminación atmosférica, el manejo y disposición final de residuos sólidos –que se cuentan por cientos y miles de toneladas–, forman parte del escenario cotidiano de los centros urbanos. 

Aunado al crecimiento demográfico,  el desequilibrio de los ecosistemas y la degradación ambiental son también el resultado de una cultura del consumismo, de una idea materialista del progreso y el consecuente despilfarro de los recursos naturales.

Este panorama desalentador hace más apremiante una nueva cultura, en la que el concepto mismo de desarrollo debe ir acompañado de una toma de conciencia colectiva sobre la importancia de preservar el equilibrio ecológico y el cuidado de nuestro entorno.

La coparticipación de gobierno y sociedad, debe tener como objetivo un desarrollo sustentable para la satisfacción de nuestras necesidades, pero sin comprometer nuestros recursos naturales.

En el medio urbano, por ejemplo, es indispensable persistir en un sistema integral basado en la educación medioambiental y en acciones para frenar la contaminación atmosférica, el manejo adecuado de residuos sólidos; la reforestación, la preservación y vigilancia de áreas naturales protegidas; el aprovechamiento racional de materias primas y de los recursos naturales no renovables; limpieza de predios baldíos abandonados y, desde luego, el involucramiento de los ciudadanos en todos aquellos programas, públicos y privados, tendientes a la búsqueda de un medio ambiente sano y equilibrado. 

Roberto Ramos Bonilla

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Querétaro, abogado litigante y Presidente del Consejo Directivo de "Foro Ciudadano del Estado de Querétaro", A.C.

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