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El Señor de los Anillos, a 20 años.

El final de 2001 fue un gran año para las franquicias cinematográficas -y para sus legiones de fans- con el arribo de dos importantes propiedades que tienen su origen en los libros. Una de ellas fue Harry Potter, basada en la obra de J.K. Rowling. La segunda es la que hoy nos atañe, un clásico bastante más añejo creado J.R.R. Tolkien: El Señor de los anillos, a 20 años de su estreno, el 19 de diciembre de 2001.

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Ambas sagas fueron en gran medida responsables de establecer la moda de los estrenos de media noche (iniciado en 1999 con Star Wars: the Phantom Menace), que se convertían en verdaderas fiestas de cosplayers y fanáticos desvelados.

Aquí te dejo un enlace donde abordamos al mago de Hogwarts:

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En cuanto a los libros de Tolkien, se trata de una saga que cuenta con una enorme cantidad de seguidores desde hace décadas y que tiene verdaderos conocedores de La Tierra Media y su historia.

La versión de cine de Lord of the Rings (LotR para los amigos) llegó en el momento preciso. Ya existían algunas adaptaciones a otros medios y durante mucho tiempo se planeó traducir la extensa obra al cine. En el nuevo siglo, finalmente se podía hacer una gran adaptación de la obra iniciada en 1937 con un modesto libro, El hobbit.

La visión del director Peter Jackson, así como los diversos adelantos tecnológicos permitieron producir una versión que se ganó el respeto del público y de la crítica e incluso la hizo merecedora de varios premios, como el de la Academia de Estados Unidos a Mejor Película, en el caso de la tercera parte de 2003 (El regreso del Rey), la primera vez que una cinta del género de fantasía lo conseguía.

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De hecho, el proyecto era tan ambicioso que constaría de tres películas de larga duración, una por cada libro, que serían estrenadas en un lapso de tres años. Aun así, habría problemas para resumirlos y destilar los mejores elementos. Tolkien desarrolló toda una mitología alrededor de su invención, que incluía historia, árboles genealógicos y hasta idiomas para algunas de las razas.

Jackson y la producción de la película lograron lo que se antojaba imposible, sintetizar de manera satisfactoria la visión del autor, aunque se tomaron varias libertades creativas en pos de crear un producto más comercial.

Si LotR contaba ya con generaciones de adeptos, los filmes de Jackson ampliaron su público.

El señor de los anillos puede resultar algo complicado de inicio, debido a varios factores, tales como lo intrincado del argumento, la cantidad de personajes, especies y regiones, por citar algunos. El cineasta toma estos factores en cuenta, por lo que la primera película dedica los minutos iniciales a explicar de manera sencilla la trama que se desarrollará durante las siguientes horas.

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La historia no es tan complicada como podría parecer, sobre todo en la actualidad cuando ya no tenemos que esperar todo un año para conocer la continuación. En La Tierra Media, existen varios reinos los cuales se desempeñan de manera casi independiente y, en la mayoría de los casos, pacíficamente. Sin embargo, también existen fuerzas oscuras.

En el pasado lejano se crearon varios anillos que contienen un gran poder y, por esa razón, fueron repartidos entre las tribus. Para su protección, tres de ellos fueron otorgados a los Elfos, seres inmortales y sabios, los más justos de todos.

Otros siete anillos se entregaron a los Enanos, mineros y trabajadores, mientras que otros nueve, se otorgaron a los humanos, cuya naturaleza es ambiciosa. Más todos ellos fueron engañados, pues otro anillo fue forjado en la tierra de Mordor por Sauron. Este tiene la habilidad de controlar a todos los demás: “Un anillo para gobernarlos a todos”. Dentro de este añillo reside el poder del señor oscuro, cuyo deseo es dominar todo el planeta.

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Cada uno de los reinos sucumbe ante el poder del anillo hasta que, después de mucha muerte y destrucción, Sauron y sus huestes son derrotados; su líder, dado por muerto gracias a la alianza entre las demás razas. Más su alma se refugió en el anillo, mismo que fue custodiado por el nuevo rey humano, Isildur.

El monarca, con la posibilidad de destruir el anillo de una vez por todas, decide conservarlo, lo que le trae como consecuencia, la muerte.

El anillo de Sauron se pierde durante 2,500 años, hasta que es recuperado por un hobbit de nombre Smeagul. La sola presencia del objeto mágico corrompe el alma, consumiendo al hobbit y transformándolo en Gollum, que dedica su vida a codiciar y amar el anillo en su posesión. Gollum se convierte en ermitaño y en poco más que un animal. Asimismo, el anillo extiende la vida del hobbit de manera no natural, por más de 500 años.

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Por azares del destino, el anillo pasa a manos de otro hobbit, Bilbo Baggins, quien lo conserva durante 60 años. Al no utilizarlo, queda libre de la influencia de la joya. Pese a todo su poder, Sauron ha subestimado a la raza más pacífica de todas, los hobbits.

Cuando Bilbo decide dejar La Comarca para vivir en paz sus últimos años, el anillo de Sauron es cedido a su sobrino, Frodo. Un amigo de los Baggins, el mago blanco conocido como Gandalf, descubre el objeto y su historia. También se percata de que el anillo pretende regresar a su lugar de origen y así reconstituir a Sauron y su dominio. Aterrado, Gandalf inicia una expedición con Frodo para destruir el anillo en las minas de Mordor, único lugar de la Tierra con el poder de aniquilarlo. Entonces inicia un fascinante y complicado viaje…

La majestuosidad de la producción fue algo pocas veces vistas en el género, sobre todo porque el plan pretendía filmar las tres películas juntas.

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El realismo y seriedad con que se aborda la historia recuerda a cintas históricas -o con base en la historia- del tipo de Cleopatra o Ben-Hur. La diferencia -además del tiempo en que las antes citadas se produjeron- radica en un híbrido fílmico, una mezcla de técnicas resueltas tanto en set como en postproducción. Se trató de hacer la mayor cantidad de efectos prácticos (aquellos que se realizan frente a los actores y que quedan capturados en la cinta al momento del rodaje). Apoyados por una edición eficiente y alto presupuesto para innovadores efectos por computadora, darían un gran resultado.

Jackson se vale de la practicidad empleando elementos como el uso de la perspectiva forzada para engañar a la cámara y al ojo de espectador, mostrando al mismo tiempo personajes de distintos tamaños, como los elfos, los humanos y los hobbits.

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Por otro lado, la selección de locaciones naturales, mismas que dieron origen a que Nueva Zelanda (lugar donde se firmaron la mayoría), tuviera un auge como lugar turístico. Los parajes no sólo nos hacen imaginar lugares que existen en un mundo distinto al nuestro -situado en el pasado-, sino que nos recuerdan la belleza que se encuentra en el habitamos en la actualidad.

La iluminación es otro elemento destacable, así como la arriba mencionada edición de audio y video. El diseño de producción, los escenarios, personajes y vestuario, abonan para cautivar a la audiencia.

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Otro factor importante, como decía, es el realismo. Me refiero también a la manera en que se aborda de forma visual un cuidado extremo en el manejo de las texturas, de manera que cada tela de cada vestuario, cada mobiliario, cada armadura o cada piel de los diversos seres nos hacen sentir que estamos ahí, como espectrales vigilantes. Los personajes virtuales tienen peso, dimensiones y proporciones sólidas.

El Señor de los anillos, a su vez, cuenta con una hermosa banda sonora creada por Howard Shore, que no sólo nos sumerge, sino que nos narra y nos conmueve a la par de los eventos presenciados. Varios de sus temas son ya verdaderos clásicos del medio.

La cereza en el pastel es, por supuesto, el elenco seleccionado para la serie de películas (6 en total si contamos las tres de El Hobbit). Leyendas como Christopher Lee, Ian McKellen o Ian Holm, así como otros connotados histriones: Viggo Mortensen, Elijah Wood, Sean Astin, Hugo Weaving o Cate Blanchett, por citar sólo algunos.

Se cumplen 20 años del estreno de la primera película, Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, y del inicio de un viaje formidable que llenó las salas de cine en buena parte del mundo. Un clásico consolidado desde su primer día de proyección.

Iñigo Pérez

25 años en medios de comunicación, seguidor del comic (desde antes de que fueran "cool"), de la música, de la televisión y del cine. El arte se expresa de muchas formas. Sólo tienes que descubrir la tuya.

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