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La sombra de nuevas elecciones asoma España tras negociaciones fallidas entre las izquierdas

La jornada empezó con decenas de parlamentarios aplaudiendo como autómatas. Lo hacían cada dos o tres frases -a veces sólo cada una- mientras su líder ocupaba la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados. Fuera Pedro SánchezPablo CasadoAlbert RiveraPablo IglesiasSantiago Abascal e incluso Gabriel Rufián. En definitiva, cualquier grupo parlamentario que tuviera el número suficiente de miembros para que se oyeran los aplausos.

Los políticos citados no son ningún prodigio como oradores, luego ellos mismos y sus compañeros de partido deberían hacerse mirar eso de aplaudir al jefe porque sí. Para recibir un aplauso, hay que ganarse el merecimiento. Pero en la política española, por lo visto, no hace falta. Basta con ser el jefe para que los tuyos te ovacionen, sin importar lo que digas.

El debate de la fallida investidura de Sánchez como presidente del Gobierno dejó lo que se esperaba que dejase. Sánchez, culpando de la falta de acuerdo a Iglesias; Iglesias, culpando de lo mismo a Sánchez; Casado, diciendo que es quien no es -el que ofrece pactos de Estado, cuando en realidad es quien llama de todo al presidente en funciones; Rivera, instalado en su nuevo estilo macarra -“la que nos han liao usté y su banda”, le espetó a Sánchez-; Abascal, haciendo el ridículo intentando apropiarse del “venceréis, pero no convenceréis” de Unamuno, cuando don Miguel dirigió esa frase a gente como Abascal, o a gente que Abascal y los suyos consideran españoles ejemplares -el portavoz del PNV, Aitor Esteban lo puso en su sitio con una mezcla de lenguaje hablado y gestual-; y Rufián, llamando “irresponsables” a los dirigentes de PSOE y Podemos, quienes deberían pararse a pensar que tienen un problema grave si el excéntrico diputado de ERC les afea algo y tiene razón cuando lo hace.

Tras el espectáculo de hoy, España continúa en funciones. Cada cuál culpará de la abstención de Podemos -que dejó a Sánchez con 124 votos a favor de su investidura, 155 en contra y 67 abstenciones- a quien le convenga. Los que quieran achacársela al PSOE, tienen lecturas como la de este enlace. Los que crean que la responsabilidad de que Podemos no haya apoyado un Gobierno de Sánchez es sólo atribuible a Podemos, tienen mensajes como este:

El PSOE obtuvo 123 escaños en el Congreso en las pasadas elecciones generales del 28 de abril. Unidas Podemos, 42. La formación liderada por Pablo Iglesias siempre ha tenido la intención de formar parte del Gobierno de Sánchez, algo razonable porque el dirigente socialista necesita su apoyo parlamentario -y aún así, faltarían once diputados para llegar a los 176 de la mayoría absoluta-. Sin embargo, tanto o más razonable que eso es que Sánchez quiera tener el control de su gabinete, y las exigencias de ciertos ministerios por parte de Podemos –Hacienda y Trabajo, entre otros- no le garantizan esa lealtad por parte de Iglesias, que tiene su agenda propia.

Los dos partidos son responsables del fiasco de la investidura. Pero uno es más culpable: el que ha exigido más cuando tiene menos fuerza para exigir. Que Iglesias lo tenga en cuenta cuando se repitan unas elecciones en las que sólo sacará tajada la derecha.

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Manuel Vega

Escribo en periódicos. Ahora en @ElFarodeMelilla y updatemexico.com. Interesado en la Historia, la política internacional, los viajes y el deporte.

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