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Omara, Compay y Rubén, importantes piezas en el dominó cubano.

El Buena Vista Social Club es producto del amor. Si no estás familiarizado con el concepto, se refiere al nombre de un grupo musical cubano que tuvo su auge a finales de los 90’s y en la primera década del nuevo siglo (a la fecha siguen activos, con algunos cambios de integrantes). Su estilo se basa en el son cubano y los ritmos del siglo XX como el cha cha chá, el danzón, mambo e incluso se inspira del jazz y sus vertientes.

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Y decía que es producto del amor pues así fue desde su incepción. El músico norteamericano Ry Cooder, enamorado de la música cubana, emprendió un viaje que se antojaba imposible para tratar de conocer más del género. No imaginó que muchos de los músicos a quienes había escuchado en grabaciones hechas en la década de los 40 y posteriores, se encontraban vivos y en buena forma; muchos de ellos tocaban en sus tiempos libres, ya que habían dejado la música por algún otro tipo de oficio.

Después de una larga cacería, Cooder reunió a varios de ellos y formaron el Buenavista Social Club (se pronuncia en español, aunque la construcción gramatical sea inglesa). El nombre hace referencia a un club nocturno que existió en La Habana hasta la revolución cubana. La mayoría de esos grandes músicos tuvieron su auge en ese tiempo idílico y tras el cambio de régimen debieron abandonar sus sueños de triunfo.

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Tras el descubrimiento de Cooder, se produjo un disco. Los tiempos de ensueño regresaron para Compay Segundo, Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Pío Leyva, Rubén González, “Cachaito” López, “Guajiro” Mirabal, Amadito Valdés, “Puntilita” Licea, así como para músicos más jóvenes como Barbarito Torres y Eliades Ochoa, dirigidos por Juan de Marcos González. También participaban el propio Ry Cooder y su hijo Joachim.

Las giras se retomaron; el Buena Vista adquirió fama mundial presentándose en múltiples países y en los mejores recintos. Sus integrantes conocieron el amor de la gente en un sinfín de idiomas y regiones, aún más que en sus tiempos dorados. Su entrega, dedicación y virtuosismo les dio la oportunidad de ver frutos. Y aunque duró relativamente poco, pues sus integrantes comenzaron a morir, se quedaron en el corazón de muchos. Su arte permanecerá por décadas.

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Además del colectivo musical, cada uno de sus integrantes retomó la grabación de discos, dejando material de alta calidad. Hoy menciono tres de ellos que cumplieron aniversarios en 2020.

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COMPAY SEGUNDO: LAS FLORES DE LA VIDA.

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Se dio a conocer el 6 de noviembre del 2000. Para empezar, parece un catálogo de algunas de las mejores canciones cubanas. Al inicio escuchamos “La negra Tomasa”, canción clásica en up tempo y en una versión memorable.

Otra famosa del repertorio de Compay es “Amor de loca juventud”, que también escuchamos en el álbum del Buena Vista. La versionada aquí es una mezcla de son y ragtime. “Te doy la vida”, “El beso directo”, “Desvelo de amor”, “Oui parle français” y otras. Cierra de manera la lista de 13 canciones, la inolvidable “Guajira guantanamera”.

Compay Segundo era el nombre verdadero de Francisco Repilado quien, por cierto, creó un instrumento musical, el “armónico”, similar a la guitarra y característico en sus grabaciones. “Compay” es un término que se refiere al “compadre”, mientras que “segundo” es porque Repilado hacía la segunda voz en el dueto Los Compadres.

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BUENA VISTA SOCIAL CLUB PRESENTS: OMARA PORTUONDO.

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Otra notable grabación que llega a su vigésimo aniversario es la que presenta a La Voz de Cuba, Omara Portuondo. Son 11 clásicos que se dieron a conocer el 9 de mayo del año 2000. La prodigiosa voz de Omara, además de su nivel interpretativo, podemos escucharla con grandes arreglos en el punto máximo de la popularidad del Buena Vista.

Las grabaciones de estas producciones suelen ser hechas de manera simultánea, como si se tratara de una orquesta sinfónica, a diferencia de la técnica más popular que consiste en grabar instrumento por instrumento y hacer una mezcla final. Este proceso es audible; el ambiente es más integrado y da la sensación de una presentación en vivo, dando también una mayor impresión de integración.

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Baladas, sones, percusiones, conjuntos de cuerdas. Todo se vale. Escuchar este disco es prácticamente transportarse a los mejores tiempos de la cuba romántica, de su vida nocturna en la que nacieron tantas historias. Portuondo no canta, pinta cada canción.

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RUBÉN GONZÁLEZ: CHANCHULLO.

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El pianista Rubén González se mantuvo en una gran forma física y su manera de ejecutar cada canción da la sensación de escuchar una clase de piano. Chanchullo es un disco que debería estar en un museo, en un aula, en un salón de baile y en una noche estrellada.

El material se dio a conocer el 19 de septiembre del año 2000 y no es exagerado decir que es una genialidad. Se grabó cuando Rubén tenía aproximadamente 80 años. No lo parece, se escucha como si lo hubiesen grabado dos pianistas de 25 años.

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En cuanto a su repertorio musical, es igual de notable desde el track que da nombre al disco (y que es composición de “Cachao” López) como algunos otros clásicos del tipo de “De una manera espantosa”, “Quizás, quizás, quizás”, “El bodeguero”, “Rico vacilón” y otras más, que conforman esta producción de 11 canciones e instrumentales. Infaltable.

Iñigo Pérez

Casi 25 años en medios de comunicación, fanático del comic (desde antes de que fueran "cool"), de la música (desde cuando escucharla caminando por la calle era todo un lujo), de la televisión y del cine (desde que, para poder ver tu película favorita, tenías que grabarla de la tele con pedacitos de comerciales de Gansito o Lili Ledy).

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