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White Blood Cells. El rock está en la sangre.

Hacer música que parezca sencilla, no es sencillo. Es resultado de un proceso. La música, como cualquier otra cosa, se apoya en la creatividad –o la inspiración- y en el dominio de sus técnicas, ya sean de naturaleza académica o lírica. Ambas son forjadas con base en el proceso más antiguo: el ensayo y error, como en el caso de Jack y Meg White, conocidos durante un tiempo como The White Stripes.

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Jack Gills comenzó a tocar los instrumentos que sus hermanos iban dejando. Aprendió un poco de todos, lo que le permitió componer con conocimiento de causa. Su amiga Meg White (posteriormente su esposa) eligió aprender a tocar la batería. Comenzaron a juntarse para hacer música de manera recreativa hasta que la cosa se puso seria en varios aspectos. Gills adoptó el apellido de Meg y se transformó en Jack White.

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El rock eléctrico sureño -hasta en su pronunciación- fue definiendo el sonido de los White Stripes. Crudo, improvisado, libre, así se escucha el rock del dueto. Y parecen canciones sencillas, pero no lo son. No es tan fácil hacer composiciones originales y con propuesta, menos cuando parece que ya todo ha sido inventado.

Por desgracia, la historia de los Stripes fue demasiado corta y sólo emanaron de ellos 6 materiales discográficos en el lapso de 1999 a 2007. Más eso fue suficiente para que dejaran su huella en la historia de la música.

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El 3 de julio de 2001, a la mitad del camino, publicaron su tercer disco, White Blood Cells. El cuarto track de este, “Fell in Love With a Girl”, constituyó su primer gran éxito comercial. La placa es una presunción de excelente rock, dividido en 16 tracks y con 40 minutos de duración. Canciones cortas, pegajosas y que van al grano, grabadas como si todo el proceso tuviera realización dentro de un garaje y con una deficiente calidad de audio, son parte del propósito conseguido por el dueto. Y de nuevo, lo hacen parecer sencillo.

El título White Blood Cells, además de hacer alusión al nombre del grupo, es demostrativo que el rock se lleva hasta en la médula, lugar donde se forman los glóbulos blancos a los que se refiere.

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La ligereza de sonido hace que sus composiciones sean fáciles de escuchar y que se nos queden atoradas en la cabeza durante algún tiempo. A su vez, nos hace regresar a ellas. Así sucede con los clásicos. No importa el tiempo que transcurra, se mantienen con nosotros. Y hay que darles una vuelta de vez en cuando. Con la música de los Stripes, no cuesta trabajo.

En 2021 se cumplen 20 años del lanzamiento de White Blood Cells.

Iñigo Pérez

25 años en medios de comunicación, seguidor del comic (desde antes de que fueran "cool"), de la música, de la televisión y del cine. El arte se expresa de muchas formas. Sólo tienes que descubrir la tuya.

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