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¿De dónde vienen los alimentos enlatados?

Gastronomía histórica

Que tal querido lector, en esta ocasión quiero compartir contigo una anécdota que me sucedió hace muchos años en la CDMX con un amigo chef en una plática que estaba dando sobre gastronomía e historia, por allá por los años dos miles.

En dicha plática, mi amigo afirmaba que los acontecimientos más importantes en la historia de la humanidad habían sido originados o estaban directamente relacionados con la gastronomía. Obviamente en aquellos tiempos de juventud, dude ampliamente de esta afirmación, así que me di a la tarea durante años de investigar esta teoría.

Para mi sorpresa amigo lector, al avanzar en esta ardua investigación me fui dando cuenta que tal afirmación era verídica y me gustaría mucho compartir con usted, semana con semana un hecho histórico relevante relacionado con la gastronomía.

Como yo sé que a veces la historia es medio aburrida, vamos a relatarlo de una manera un poco más amena para que conozca un poco más de esta carrera que me apasiona. Hoy abordaremos nuestro primer hecho gastronómico histórico, el origen de los alimentos enlatados.

Todo mundo ha escuchado hablar de Napoleón Bonaparte ¿O no? y de su incesante deseo de conquistar más y más territorios. Pues en estas guerras napoleónicas la necesidad de alimentar a sus soldados, se volvía cada vez más difícil, debido a que todos los productos, hasta ese momento, eran perecederos, o sea, que se pudrían con relativa facilidad.

En aquel tiempo ya existían ciertos procesos de conservación como la salazón de carne y pescado (tipo el bacalao que comemos en navidad) o el pan sin levadura, por mencionar algunos ejemplos, pero estos alimentos tenían limitaciones de tiempo de vida, o de mal sabor, incluso muchos eran perjudiciales para la salud. 

Por allá por 1795, un confitero francés de nombre Nicolás Appert, se inventó un procedimiento de conservación sumamente sencillo y eficaz. Su procedimiento consistía en colocar los alimentos en un tarro de cristal cerrado herméticamente, el cual hervía durante cierto tiempo. Esto ayudaba a conservar los alimentos por mucho más tiempo.

En aquellos años de guerra, Appert creó una fábrica para poder suministrar sus tarros a la marina francesa. En 1810, Napoleón sorprendido con el método, le ofreció un premio de 12.000 francos a cambio de publicar su método en un libro, del cual se hicieron varias ediciones.

Pero podría usted decir, eso no es una lata, y yo le contestare, en efecto, no lo es. Porque otro francés, de nombre Philippe de Girard, tomó la idea principal de Appert, sustituyo los tarros de cristal (por lo delicado del vidrio) y lo cambio por recipientes hechos de hojalata, o sea láminas de hierro bañadas en estaño.

Con este invento perfeccionado Girard se trasladó a Londres, donde se asoció con Peter Durand y obtuvo la patente por su invento.

En 1811, Durand vendió la patente a Bryan Donkin, un destacado ingeniero quien, un par de años más tarde, inauguró la primera fábrica de conservación en latas y haciendo uso de sus contactos dio a conocer sus productos a miembros de la alta sociedad londinense, los cuales quedaron maravillados por el sabor conservado de los alimentos. Y es así como hoy en día tenemos alimentos enlatados.

Con esto concluimos este primer aporte sobre hechos gastronómicos históricos, te esperamos con gusto la próxima semana con otro hecho interesante.

Si usted estimado gastronauta, tiene algún tema que quiera que relatemos aquí, hágamelo saber, vía mensaje y con gusto atenderemos la petición.

Hasta la próxima.

Chrystian E. Lardizábal García

Chef ejecutivo y director de operaciones de Lösung Haus. Profesor de la Universidad Internacional de Querétaro. Asesor y consultor culinario.

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