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El Álbum de Yes (uno de varios).

El disco con el título más literal podría ser The Yes Album, más no su contenido dista de serlo. El rock progresivo de esta mítica banda toma forma en su tercera producción, liberada al mundo el 19 de febrero de 1971 y de la cual se cumplen ya 50 años.

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Como cualquier otro material de Yes, este se puede escuchar varias veces y cada una de ellas se encontrará algo nuevo. Su instrumentación poco convencional se asemeja más a la estructura compositiva de una orquesta, sin serlo. Cada instrumento tiene algo que decir, algo que proponer. Tanto el bajo de Chris Squire, la guitarra de Steve Howe, como los teclados de Tony Kaye o la complicada batería de Bill Bruford. Yes es como un conjunto coral en el que la voz de Jon Anderson es la principal, más no la más importante. Para que haya armonía, debe haber equilibrio en la convivencia.

Este disco también se benefició de las características de la época, como la mezcla estéreo, mucho más marcada y definida. Si te sitúas frente a las bocinas o usas audífonos, escucharás como los instrumentos pasan de un lado a otro, de izquierda a derecha, pero sólo como efecto, sin abusar de este valioso recurso.

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El grupo también se encarga de dar diversidad a cada track, con instrumentos acústicos y eléctricos, empleándolos de acuerdo a como la composición lo pida. El quinteto viaja de uno a otro en un balance preciso, como parte de una narrativa y no como presunción. Es la música como diálogo, como parte de un relato.

The Yes Album cuenta con sólo 6 canciones, pero la mayoría de ellas se convirtieron en clásicos. Cada track promueve una sensación distinta y tiene múltiples cambios durante sus 40 minutos de duración.

La producción también es la primera en la que figura el guitarrista Steve Howe y se luce con “The Clap”, tema compuesto para guitarra acústica, como la española o clásica que nos recuerda un tanto a los maestros de las cuerdas, como el español Francisco Tárrega y sus “Recuerdos de la Alhambra”.

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Una característica del rock progresivo son las canciones largas que están segmentadas, como apreciamos en “Starship Trooper” con sus tres partes: a. Life Seeker, b. Disillusion y c. Würm. Los cambios son perceptibles e indivisibles. Es una disección más conceptual que real. Como el título lo indica, “Starship Trooper” está basada en la novela de mismo nombre de Robert Heinlein. Las temáticas de ciencia ficción y misticismo también hacen su aparición en The Yes Album, tienen una mayor definición y son buena prueba de lo que el grupo habría de presentar ese mismo año con uno de los grandes discos del rock, Fragile.

A la placa la integran, además, “Yours Is No Disgrace”, “I’ve Seen All Good People”, “A Venture” y “Perpetual Change”, todas, con algo diferente que ofrecer.

The Yes Album es el lugar donde caen las piezas en su lugar, encajan y muestran un panorama, es el momento que define a Yes como agrupación musical. Auditivamente es algo adelantado a su tiempo, tal vez por eso el éxito comercial eludió a Yes, aunque eso no les impidió crear huestes de fans que mantienen viva su música y que la conservan como semilla que germina en el gusto de las nuevas generaciones.

Iñigo Pérez

Casi 25 años en medios de comunicación, fanático del comic (desde antes de que fueran "cool"), de la música (desde cuando escucharla caminando por la calle era todo un lujo), de la televisión y del cine (desde que, para poder ver tu película favorita, tenías que grabarla de la tele con pedacitos de comerciales de Gansito o Lili Ledy).

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