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La palomitas y el cine, amor a primera vista

Cada que vamos a disfrutar una película en el cine es casi impensable no comer palomitas, es como si fuera ley o tradición inquebrantable, ¿por qué?

Para comenzar, las palomitas o popcorn coinciden con el comienzo de los nickeloldeons, los primeros espacios de exposición en interior para proyectar pelis, y su año de apogeo fue de 1095 a 1915 en Estados Unidos.

Eran fáciles de negociar, las máquinas para hacerlas eran portátiles, además de ser un producto, a la fecha, barato. En estos nickelodeons, había pequeños puestos concesionados dentro de los lugares, así las golosinas y toda la carta de chucherías era ofertada a los visitantes, muy a disgusto de los dueños de los establecimientos, ¿por qué?, por apestosas, decían que las bolsas de palomitas impregnaban por todo el lugar su aroma y se interrumpía la experiencia cinematográfica, pues la gente hacía ruido al comerlas y la audiencia abandonaba sus lugares para ir por otra dotación con extra mantequilla.

Con la Gran Depresión y la Guerra Mundial, la economía no podía ir excelente, así que los teatros comenzaron a verse afectados, por ello, una velada en el cine, era una de las formas más económicas de entretener a una familia. En aquel entonces, los dueños llegaban a pagar hasta 10 dólares por 50 kilos de granos de maíz, lo que resultaba en materia prima muy redituable, pues podían vender hasta mil bolsas de palomitas.

Así aún con la entrada de otros alimentos a la vendimia de los cines, las palomitas por ser el alimento barato y estrella lograron quedarse en el rito de la experiencia cinematográfica.

 

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