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Sigur Rós y su álbum Ágætis byrjun: 20 años.

Les rendimos un muy tardío tributo.

Existe música de todo tipo, la que te hace bailar, la que te hace reír; también la que te lleva a llorar, recordar, la que mueve hasta las fibras más sensibles, esa que toca tu alma, te eleva, te dispersa, te funde, te lleva. Y existe la música de Sigur Rós…

Para los pueblos latinos, es común conocer el rock sajón y muchas veces no saber lo que dice, también es una de las ventajas de la música: es de quien la escucha. La conviertes en tu cómplice y compañía. Las palabras a menudo pasan a segundo plano y los mensajes, las moralejas son las propias experiencias.

 

Eso también lo sabe el grupo de Islandia, pues con un lenguaje propio, que es mezcla de todo y de nada, transcienden más allá de las letras; al más puro estilo Tolkien, crean un propio lenguaje y dejan que el receptor decida de la mejor manera (también cantan en su lengua natal).

Este 2019 se cumplieron 20 años del lanzamiento de su segundo disco: Ágætis byrjun, el disco que los lanzó a la fama mundial. Y más que promoción, la música de Rós es difusión e infusión. Este disco, al ser escuchado por vez primera, llega a los oídos como la niebla, como  rocío que sí, humedece, genera frío, pero que nos hace recordar que estamos vivos.

 

Ágætis byrjun, que en islándico quiere decir “Un buen comienzo”, es una mezcla de música ambiental, con instrumentos eléctricos, electrónicos y acústicos que sin explicación alguna, nos suena también a rock.

El álbum está comprendido por 10 canciones que casi hacen una transición natural de una a la otra, al estilo del rock progresivo, pero sin llegar a serlo. Es más Tubular Bells, que The Wall. También pasa por momentos obscuros, por sonidos no tan sencillos, pero que resultan por demás interesantes, como en el caso de la canción Hjartað Hamast (bamm bamm bamm) que también nos recuerda al Fitter Happier de Radiohead y su OK Computer.

 

Pero esos momentos de “incomodidad” no son los más, ya que de manera ordenada –tomando su tiempo- regresan las notas de piano –lo electrónico da paso a lo acústico-, las cuerdas, la sensación de frio se convierte en escampe, en el sol que se asoma antes de ponerse. La voz de Jónsi Birgisson se adueña del paisaje para decirnos que hay “Buen clima para un ataque aéreo” (Viðrar Vel Til Loftárása).

 

Olsen Olsen, es un track que va del falsetto de Jonsi en ascenso constante, pasando por el vals, y lo que parece música clásica se convierte en fanfarria; incorpora coros con un dejo militar para finalizar con trompetas contrastantes, desordenadas y hasta desafinadas para quedarnos con una etérea flauta piccolo.

 

Cada track de este material es digno del análisis, pero sobre todo, de disfrute. Independientemente del género de música que sea tu predilecto, Ágætis byrjun es un material que puede gustarte. Es un excelente acompañamiento para escuchar, concentrarse o inspirarse. Sigur Rós celebra junto con nosotros en 2019 el vigésimo aniversario de esta placa que llegó el 12 de junio de 1999.

Iñigo Pérez

25 años en medios de comunicación, seguidor del comic (desde antes de que fueran "cool"), de la música, de la televisión y del cine. El arte se expresa de muchas formas. Sólo tienes que descubrir la tuya.

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