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Sonny Boy Williamson y The Yardbirds.

El rock comparte ADN con el blues, género musical nacido de la necesidad; es la música como escape y como expresión, como entretenimiento y distracción. El blues es lamento, es el canto de los nuevos juglares, aquellos que vivían y morían en los campos de algodón, a veces, sin nombre, apellido y ni un acta de nacimiento que demostrara su existencia.

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Años más tarde, cuando el blues se legitimó en todo Estados Unidos, tuvo como hijo no predilecto al mencionado rock. Se decía que era una manera de arrebatar al afroamericano algo que había creado, para entregárselo al blanco. Muddy Waters reclamaba que lo que cantaba Elvis Presley no era más que blues rápido para captar al público blanco. Y tenía razón.

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El blues se expandió más allá de sus raíces, sus ramas se extendieron por todo el mundo. Los británicos adoptaron el blues con otro contexto, apreciando su forma y cambiando su fondo. La ideología se mantenía, pero mutaba de acuerdo a sus coordenadas, los reclamos variaban de acuerdo a la latitud.

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Músicos ingleses como John Mayall o The Yarbirds apreciaban la música y la homenajeaban, la hacían propia y la difundían. Cantaban el blues para ellos, sí, pero también para el resto del mundo.

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En Estados Unidos, gente como Sonny Boy Williamson II cantaba y tocaba dejando huella a la vez que sembraba semilla. Destacado en la composición, la interpretación vocal, la ejecución de guitarra y armónica, Sonny Boy tuvo a bien grabar un álbum en vivo con The Yarbirds. Este se dio a conocer el 7 de enero de 1966, hace 55 años. La presentación data del 8 de diciembre de 1963 y se llevó a cabo en el Club Crawdaddy en Richmond, Surrey, Inglaterra.

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El disco contiene 9 canciones en las cuales The Yarbirds acompañan al legendario bluesero de la corriente de Chicago. La colaboración entre ambos duró varios meses. Este álbum también constituye algunas de las primeras grabaciones de The Yarbirds, cuya alineación contemplaba a un joven Eric Clapton en la guitarra. Más la estrella de esta grabación es Sonny Boy, quien sin duda dejó escuela y una muy buena impresión en tierras inglesas.

Sonny Boy Williamson and the Yardbirds, álbum de 1966, es una inigualable demostración de buena música.

Iñigo Pérez

Casi 25 años en medios de comunicación, fanático del comic (desde antes de que fueran "cool"), de la música (desde cuando escucharla caminando por la calle era todo un lujo), de la televisión y del cine (desde que, para poder ver tu película favorita, tenías que grabarla de la tele con pedacitos de comerciales de Gansito o Lili Ledy).

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