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Toy Story 4.

¿Conseguirá igualar la hazaña de sus predecesoras?

En este espacio hemos hablado de películas que sientan precedentes, de aquellas que cambian la manera en que la industria del cine se maneja. Ese es el caso de Toy Story, que esta semana llega a su cuarta entrega en salas de cine por todo el mundo.

 

También cuesta trabajo imaginar una época en la que las películas animadas por computadora no existían. Los procesos eran arduos, caros y deficientes. Simplemente no eran prácticos.

Todo eso cambio después de que Toy Story debutara como el primer proyecto de largometraje producido por la entonces desconocida Pixar Studios. El año era 1995 y la ya veterana compañía, que tuvo sus cimientos en las mentes como las de Francis Ford Coppola y George Lucas, así como parte de su desarrollo con Steve Jobs, lanzaba la primera película animada totalmente por computadora.

El proyecto era cobijado por la parte artística, ya que contaba con dos grandes estrellas (a quienes no veríamos en lo absoluto): Tom Hanks, uno de los actores más célebres de la década –y su generación- tras su participación en cintas como Forrest Gump, Apollo 13 y Philadelphia, con la cual ganó un premio Oscar. El segundo protagónico era uno de los nombres más rentables de la televisión: Tim Allen, quien estelarizaba Home Improvement, uno de las comedias más famosas en la historia de ese medio.

Hanks interpretaba al vaquero Woody, el juguete consentido de Andy, mientras que Allen era un sofisticado juguete, un viajero espacial que quitaba el lugar de honor a Woody.

 

La alegoría de lo nuevo contra lo viejo, así como una historia perfectamente bien tramada, una gran ejecución, personajes entrañables y una calidad impecable, colocó de inmediato a Toy Story como una de las mejores cintas animadas –y hasta no animadas-.

La imaginación y la emoción eran ingredientes de la exitosa fórmula: lleva a tu audiencia a imaginar e identificarse por medio de las emociones. Llévalos por una montaña rusa, con situaciones cómicas para después presentar un conflicto sentimental.

 

El recibimiento por parte del público fue excepcional. Se comenzaba así a quitar la etiqueta que decía que “animación” era lo mismo que decir “para niños”. Ahora los adultos iban solos a ver “caricaturas”, sin necesidad de usar a hijos o sobrinos como pretexto.

Cada elemento fue perfectamente cuidado. La música de Randy Newman formó parte de ese paquete y lo convirtió en uno de los compositores más reconocidos de Hollywood.

 

La filosofía de la compañía también representaba un parteaguas; claro, se trataba de una corporación, pero dentro de ella, se motivaba la creatividad, sin reglas de etiqueta. Se fomentaba la creación y participación.

Pixar demostró que para tener éxito en la industria, era imprescindible contar una buena historia y había que saberla narrar.

Casi 25 años han transcurrido desde que Toy Story llegara para quedarse y ahora, aquellos niños que crecieron con sus personajes, comienzan a llevar a sus propios hijos.

 

Se dice que la franquicia puede llegar a desgastarse –y si somos sinceros, eso se escucha desde la segunda parte-, mas lo recaudado en taquilla, parafernalia y otros, demuestra que aún tiene mucho que ofrecer. Y si siguen ofreciendo buenas historias, seguiremos atendiendo.

Además, en esta ocasión se une Keanu Reeves al reparto, el actor más popular de las redes en 2019.

Ya sea solo, acompañado, con hijos o sin hijos, Tos Story 4 de seguro ofrecerá algo para cada uno de nosotros.

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Iñigo Pérez

Trabajando en medios de comunicación desde hace rato. Suena bastante trillado pero... apasionado del mundo del comic (desde antes de que fueran "cool"), de la música (desde cuando escucharla caminando por la calle era todo un lujo) y del cine (desde que, para poder ver tu película favorita, tenías que grabarla de la tele con pedacitos de comerciales de Gansito o Lily Ledy- sí, ya sé, estoy ruco-).

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