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Canada: el cuento navideño hecho realidad.

En mi opinión, se está acercando la mejor época del año, ese maravilloso tiempo donde el olor a cítricos, canela y manzana inunda cada rincón, donde cerramos ciclos y dejamos atrás viejos capítulos, para escribir otras hojas llenas de oportunidades con gran entusiasmo.

Todavía estamos a tiempo de planear un merecido descanso para finales de 2020; si aún te da miedo porque podrías pescar algo en el camino, puedes contemplar un maravilloso cierre de año para 2021, planificar con más de un año de antelación porque te quiero contar cómo es la Navidad en el gran vecino del Norte: Canadá.

¡Simplemente mágico! Es la mejor expresión que puedo encontrar para describir cómo es caminar entre callejones repletos de nieve blanca que luce tan esponjosa como algodón o colitas de liebres. Comenzamos la aventura comprando un viaje “multidestino” que partía de CDMX hacia Toronto (solo ida), posteriormente nos desplazamos en tren por las ciudades elegidas y volamos de vuelta desde Montreal a CDMX.

Iniciamos la ruta en Toronto, recorrimos las calles caminando (como solemos hacer la gran mayoría de veces ), pasamos por la Torre CN, el muelle, la ciudad subterránea y Kensington Market; quisiera agregar (como breviario cultural) que muchas veces filman películas aquí por su gran parecido con “La Gran Manzana”, ignoro quién se parece a quién, pero te puedo decir que la ciudad es una belleza; fuimos a nuestro primer mercado navideño en Distillery District y fue una grata sorpresa, el ambiente y las decoraciones sugieren tu propio cuento de Charles Dickens en pleno siglo XXI, un contraste entre antigüedad y modernidad que maravilla a cualquiera, son callejuelas repletas de árboles, luces y esferas, bebes sidra de manzana, cerveza, whisky o  un chocolate caliente alrededor de chimeneas y fogatas mientras la música con villancicos alegra el aire.

En el tercer día fuimos a las Cataratas de Niágara, puedes tomar camión desde la central de Toronto o elegir entre  los múltiples tours guiados;  se pueden ver desde EE. UU., pero muchos aseguran que  la mejor perspectiva corresponde a la parte canadiense; en realidad es el único atractivo natural con el que cuenta la localidad; sin embargo, llegada la época de festividades el “Gran Vecino Blanco” ilumina varios kilómetros con luces y figuras navideñas, algunas noches hay eventos con fuegos artificiales que decoran las cascadas. Toda la información para esas fechas la puedes consultar en la cartelera que ofrece la página oficial. 

Continuamos hacia Ottawa; ya que de Toronto hasta Quebec (el Santo Grial de nuestro viaje) eran cerca de 8 horas en tren, la capital canadiense nos quedaba en medio y merecía el esfuerzo para hacer la escala, vimos y recorrimos el Parlamento: un precioso edificio situado en lo alto de la Ciudad, enmarcado entre árboles y escaleras, es considerada una de las atracciones principales en el invierno (además del río), puesto que la fachada es decorada con una proyección gigante acompañada de música en representación de la época. Te recomiendo ampliamente probar las “colas de castor”, un postre o snack que tiene las calorías necesarias para resistir las bajas temperaturas.

Finalmente partimos en tren hacia Quebec, quisiera hacer un paréntesis que me recuerda la película del “Resplandor”, solos, perdidos en el bosque, a varios kilómetros de distancia de la estación; resulta que los trenes no son nada puntuales y nos confiamos a la ruta que nos trazaba Google Maps porque teníamos tiempo “extra”,  no contábamos con varios centímetros de espesor que forma la nieve, así que caminar era un poco más lento de lo normal y muchas áreas eran resbalosas (luego escribiré que tipo de ropa necesitas), así que básicamente decidimos ir por la zona “salvaje”, lo cual se transformó en correr con maletas en la espalda, en un pequeño lugar a la redonda, que no tenía señal de vida, ni calles, ni nada;  casi perdemos el transporte; pero bueno, como siempre decimos, es parte del sabor y sazón en cada aventura.

Quebec, es un pequeño pueblito, lleno de “retratos navideños”, tomas foto y tienes un cuadro, te volteas, tomas otra foto y ahí tienes otra escena (así consecutivamente), no hay mucho que agregar, simplemente es un lugar que merece ser visitado una vez en la vida, un lugar donde podrías despertar una mañana y sentir que Santa Claus visitó tu casa para dejar los regalos durante la Noche Buena debajo del arbolito, así de explícito y así de gráfico; dentro de las atracciones que tiene son: el muelle, el Castillo Frontenac (que más bien es un hotel), sus calles pequeñas, pistas de patinaje y mercaditos navideños.

El 24 de diciembre decidimos cenar en Montreal en un restaurante que ofrecía un Menú Navideño y un concierto de Jazz, cabe destacar que en Canadá la miel de Maple es uno de los ingredientes principales en muchas de sus comidas, así que mucho de lo que degustamos (y trajimos de recuerdo) era dulce. A continuación, dejaré el desglose de un “presupuesto” para viajar durante la mejor época del mundo:

  • Vuelo por persona: $7,500 MXN vía Interjet (aplicando la regla de comprar con anticipación).
  • Trenes por persona (Toronto-Ottawa-Quebec-Montreal): $2,800 MXN.
  • Autobús Greyhound hacia Niagara: $500 MXN (ida y vuelta).
  • Hospedaje por persona: $5,400 MXN para 12 días. 
  • Atracciones: $2,200 MXN.
  • Alimentos: $4,600 MXN.
  • Cena y desayuno festivos (por persona): $2,600 MXN con propina.
  • Souvenirs: $1,500 MXN.
  • Total: $27,100.00 MXN.

Se acerca al cierre de este 2020, no me gustaría ponerle una etiqueta porque cada quién lo ha vivido diferente; de todo corazón espero que estos tiempos te estén sirviendo para la reflexión y que sean para cultivar y crear todo lo que deseas manifestar en el año que se acerca.

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