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Vuela alto, vuela lejos, pero ponte atento

Tomar un vuelo puede ser agotador si no le prestas atención a las cosas importantes, hasta en esto hay que prevenir, planear y sobre todo, aprender a aterrizar, el arte de volar no es fácil, hacerlo con regularidad te hará de trucos que te pueden hacer el viaje aún más relajado.

Comencemos desde adentro, tus pulmones trabajan mucho más en las alturas, lo único que debes hacer es respirar profundamente y listo. Debes saber que las cabinas están presurizadas al 75%, así que sí hay menos oxígeno, lo que te provocará uno que otro mareo, fatiga, cefaleas, pero recuerda… respiraciones profundas y suaves serán la clave, tu mente es más poderosa.

La deshidratación también es real, por cada 3 horas de vuelo, tu porcentaje de agua corporal disminuye un 20%, por eso se te parten los labios y están más sediento que un peregrino, ¡tranqui! toma agua, evita las bebidas artificiales o azucaradas, además se formarán más gases con estos últimos, sin olvidar que la cafeína y el alcohol tienen efecto diurético. Otro detallito, el aire seco puede reducir hasta un 30% el sentido del gusto pues reseca las membranas mucosas, lo que se refleja en la comida, pues la dulce se te hace menos dulce y la salada se intensifica cañón.

Llegamos al mal aliento, la fórmula dice que a menor humedad, más seca la boca, lo que hace que las bacterias digan ¡hola!, con ello el aliento no tan agradable, cómete antes frutas no tan dulces, toma agua y carga el cepillo dental en el bolso.

Y como cualquier otra recomendación de mamá, no se te ocurra subirte al avión sin usar protección solar, en las alturas eres aún más propenso a la radiación.

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