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El gran dictador, una de las grandes joyas del cine.

Está considerada una de las más grandes películas de la historia, una obra de arte, y para nada es una exageración. The Great Dictator (El gran dictador), de Charlie Chaplin es un logro en varios aspectos y representa un avance en el mundo del cine.

El filme se dio a conocer el 15 de octubre de 1940 en la ciudad de New York, Estados Unidos. La premiere fue en los cines Astor y Capitol y se fue expandiendo por aquella nación durante las siguientes semanas. A México llegó el 1 de enero de 1941 y a Argentina, un día antes, el 31 de diciembre.

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El mundo se encontraba en una etapa turbulenta con la Segunda Guerra estallando por todas partes, el avance inminente de Adolf Hitler y la incertidumbre principalmente en Europa, donde el terror se vivía de primera mano.

La industria del cine – así como muchas otras- estaba por entrar en una gran crisis en varios países, pues los esfuerzos se concentraban en la producción de todo aquello instrumento requerido para la guerra. Fue en esta temporada que Estados Unidos impulsó el trabajo por parte de la mujer, ya que hacían falta manos en las fábricas.

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Para el tiempo en que se dio a conocer la producción de Chaplin, el país del norte aún no se pronunciaba y se mantenía neutral con respecto a Alemania. El ataque a Pearl Harbor, que les dio la excusa perfecta para entrar, sucedió a las 8 de la mañana del domingo 7 de diciembre de 1941, más de un año después.

Sin embargo, antes que Chaplin, The Three Stooges (Los tres chiflados) habían hecho una parodia del dictador en You Natzy Spy, de enero del 40. El mundo tenía puestos los ojos sobre los avances y peligros de Hitler y reaccionaban de distintas maneras, impulsando el patriotismo que llegaba a caer en la propaganda. En los comics surgían héroes que literalmente utilizaban la bandera de aquel país como uniforme, tales como Captain America y The Shield, mientras que otros, como Superman y Batman, tomaban acción en sus mundos ficticios.

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Aunado a esto, la transición entre el cine mudo y el sonoro se consolidaba. Muchas de sus estrellas habían sido incapaces de dar el brinco y nuevos actores y actrices se daban a conocer. Las producciones continuaban en blanco y negro, el gran cambio al color se daría tiempo después. Pero la manera en que se hacía el cine, en que se contaban sus historias, cambiaba radicalmente. Tanto histriones como técnicos debían reinventarse a una gran velocidad tratando de hacer el proceso lo más terso posible.

Charles Chaplin era un verdadero artista. Además, entendía los tiempos y las necesidades de la gente; sabía que se aproximaba un tiempo en que la gente necesitaría de una sonrisa y el cine era el medio perfecto. Para Chaplin, “Medio” era la palabra exacta, pues el cine era nexo entre cineastas y público, una manera de comunicar nuevos mensajes. Es por ello que, El gran dictador, es además una cinta que aprovecha el discurso hablado.

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Tal era el conocimiento del actor sobre las técnicas, que el filme fue escrito, dirigido, producido e incluso musicalizado (con la coautoría armónica de Meredith Willson, quien compuso para Broadway, televisión y música clásica). Era habitual que Chaplin trabajara todos estos elementos, pero esa ocasión era especial: se trataba de su primera película sonora. El trabajo de producción le llevó un año (iniciando al mismo tiempo que se consolidaba la ocupación de Alemania sobre Polonia, detonante de la guerra) y fue meticuloso en cada uno de los aspectos. Si el cine incorporaba el sonido como instrumento, el actor lo utilizaría como uno de sus elementos principales.

La crítica adelantada a la consolidación nazi, al fascismo y lo que significaba para el mundo, son eje central del filme. La historia también utiliza una fórmula clásica: la de la confusión, el enredo y el cambio de identidad.

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Chaplin interpreta a los dos personajes principales, a un humilde barbero de origen judío (en su pasado fue soldado y pierde la memoria durante la Primera Guerra Mundial), que se ve atrapado en un campo de concentración y que tiene un enorme parecido con el dictador de una nación análoga a la Alemania Nazi de nombre Adenoid Hynkel (“Adenoide” Hynkel).

Una de las grandes estrellas de la época, la actriz Paulette Goddard, interpreta a la vecina del barbero, quien debe huir junto con su familia. El actor inglés,  Reginald Gardiner, representa al comandante Schultz quien, por cuestiones circunstanciales, se hace amigo del barbero.

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Haciendo gala del recién incorporado sonido a las voces de los actores, Charles Chaplin da uno de los discursos más recordados en el cine y que sigue dando vuelta por el mundo gracias a los medios digitales. El momento climático del filme llega por medio de las palabras del histrión británico, quien también era un gran escritor y, por lo visto, declamador.

El gran dictador es una película ingeniosa, como la mayoría de las producciones de Chaplin, muy divertida, con buen humor y un mensaje por demás profundo. Sus personajes conectan con el público y dan una muestra de lo que puede llegar a alcanzar una persona común. Hoy recordamos esta gran producción a 80 años de su presentación en cine.

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Iñigo Pérez

Casi 25 años en medios de comunicación, fanático del comic (desde antes de que fueran "cool"), de la música (desde cuando escucharla caminando por la calle era todo un lujo), de la televisión y del cine (desde que, para poder ver tu película favorita, tenías que grabarla de la tele con pedacitos de comerciales de Gansito o Lili Ledy).

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